La higiene
Para que tu bebé crezca igual de seguro y sano que cuando estaba dentro de tu cuerpo, hay varios aspectos que tienes que vigilar. Además de la atención que pondrás en su alimentación también tienes que tener en cuenta su higiene.
Cambiar los pañales
Parece una tarea interminable: podríais pasaros el día cambiando pañales continuamente. La explicación es que los bebés tienen una vejiga muy pequeña, cosa que le hace mear unas 20 veces al día. A esto hay que sumar la defecación, que también se hace varias veces al día, especialmente después de las tomas.
Elegid los que se adecúen mejor a vuestro ritmo de vida
Ante estos datos no hay ninguna duda de que parte de vuestra calidad de vida y la de vuestro bebé dependerá de que elijas el modelo idóneo.
Normalmente los padres de hoy en día se decantan por los pañales desechables puesto que son mucho más sencillos de utilizar. Después de cada uso se tira el pañal y se pone otro sin más complicaciones. Si bien utilizarlos diariamente puede resultar algo más caro. Por esta razón o por cuestiones ecológicas hay padres que utilizan, cuando están en casa, pañales de tela. Estos obligan a lavarlos después de cada uso, aunque el presupuesto lo agradece.
Cambiar los primeros pañales
Estiráis vuestro bebé y abrís el pañal. Utilizáis la parte delantera para limpiar la suciedad. Cogéis con suavidad las piernas del bebé y limpiáis con un material suave, toallita, esponja o algodón, los pliegues de la piel de su barriga y de las piernas. Limpiáis también la zona genital siempre de delante hacia atrás para evitar posibles infecciones. Si es una niña limpiáis la vulva y los labios exteriores, pero no por dentro. Finalmente se seca bien la zona.
Mirando dentro del pañal
Una de las pautas de conducta más habituales en los padres primerizos es mirar el contenido de los pañales. Esto está muy bien puesto que las deposiciones del bebé pueden dar pistas muy importantes de cómo va su salud y su alimentación. De todas formas no os obsesionéis. Durante los primeros días el bebé expulsará el meconio. Es una sustancia verde y viscosa fruto de los restos del líquido amniótico que se tragó en el útero. Después, si toma leche materna mudará el color a un dorado o anaranjado de olor fuerte y, si toma biberón, sus deposiciones serán más consistentes y olerán peor.

Cambiando pañales
Mantenedlo limpio
En contra de lo que se suele pensar, en estas primeras semanas el bebé no se mancha mucho. Por eso, y por que tienen la piel muy sensible, tan sólo tendríais que limpiar diariamente su cara, cuello, cuello, nalgas y pies. Para ello podéis utilizar un poco de algodón mojado en agua o una esponja. Para secarlo usáis una toalla suave. Muchos especialistas recomiendan empezar a bañarlo a partir de la segunda semana y será suficiente con que se haga dos veces por semana. Otros, sin embargo, dicen que es bueno acostumbrarlos a este hábito desde el primer momento, bañándolo todos los días. Consulta con tu pediatra para que os aconseje. Por otra parte, tenéis que saber que no es necesario utilizar, al menos diariamente, lociones, cremas, aceites o colonias. Si queréis hacerlo, utilizáis aquellas que están pensadas para bebés y vais despacio para prevenir posibles alergias o irritaciones.
Los adorados baños
A la mayoría de los bebés les encanta el momento del baño porque les recuerda a su estancia en el útero. Lo único que tenéis que vigilar para que sea una experiencia reconfortante es que la temperatura de la habitación sea la idónea y que no haya corrientes de aire. Recordad que nunca tenéis que dejarlo solo, podría resbalar, caer o incluso ahogarse.
Colocad la bañera en una superficie plana y segura. Ir mezclando el agua caliente y fría hasta conseguir la temperatura idónea. El método tradicional para saber que el agua esta en su punto es introducir el codo. Tiene que tener más o menos la temperatura del cuerpo.
Pásale una mano por la espalda y cógelo por el brazo opuesto al tuyo, mételo despacio en el agua, sin hacer movimientos bruscos, y lávalo con normalidad. Cuando acabes sécalo con una toalla suavemente. Los baños también son buenos antes de cenar para relajarlo y crear una rutina para dormir.
Cuidados del cordón umbilical
Hasta que se desprenda hace falta que pongáis especial atención a la higiene de esta zona. Es recomendable que lo limpiáis con alcohol de 70 grados o con agua tibia hervida previamente. Remoja en el alcohol una toallita o un trozo de algodón y limpia suavemente la zona. Después tendríais que tener mucho cuidado en secar adecuadamente el ombligo y la piel que lo rodea. También es importante que cuando le ponéis el pañal, este le quede por debajo del cordón umbilical con el fin de que no le llegue orina. Tened paciencia, despacio irá curando y caerá el solo. De todas formas, si veis que la piel alrededor está irritada, notáis que supura o huele, no dudáis en consultar con el pediatra.




